Para no nombrar la ronda
Para no nombrar la ronda

Decir, hablar del fluir de la vida, volverse
río para no saber adonde conducen los
caminos, en dónde se esconden los últimos
fantasmas que rondaban, la magia del primer
instante, en la otra ventana sin cristales…

Como quien se queda en la otra orilla del
murmullo y sin embargo, puede otear la interminable
madrugada, saber de lo que ocurre
detrás de las cortinas, Carlos Enrique nos
lleva de la mano y descorre el velo
de las cosas, desde la perspectiva
del que sabe todo por el continuo
ejercicio de nombrarlo. Luego…,
toca con la yema de los dedos los
objetos y la voz del pasado, que
siempre lo regresa, visita la casa,
el polvo, la ceniza, el urgente
vaho que dobla en las esquinas…
Regresa herido, tambaleando
sahúma los recuerdos, luego, se
duerme boca arriba para atrapar
algún sueño que amolde los espejos,
el olor de la pólvora que nunca
lo ha olvidado.

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